Vacaciones con Dios.


Para algunas familias el verano es un buen tiempo para viajar. Mucha gente interrumpe el ritmo normal de su vida y se aleja de su entorno por un tiempo. Los niños y jóvenes, por lo regular ya no tienen clases y, si no aprovechan algún curso de verano, se van de vacaciones o a visitar familiares que viven fuera.

El viajar nos da la oportunidad de encontrarnos con gente distinta y ver cosas diferentes, y normalmente regresamos renovados a nuestras labores cotidianas, como bien decimos, "cansados pero contentos".

El Domingo 26 de Junio en nuestro evangelio de Lucas, que estamos siguiendo en este ciclo litúrgico, escuchamos que nos dice: "Jesús tomó la firme determinación de emprender el viaje a Jerusalén y envió mensajeros por delante…" (Lc 9, 51-52) y en el Evangelio del Domingo 3 de Julio leemos: "Jesús designó a otros setenta y dos discípulos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares a donde pensaba ir…" (Lc 10, 1).

Es un viaje en el que podemos acompañar a Jesús donde quiera que nos encontremos o a donde quiera que vayamos, porque este viaje de Jesús en el Evangelio se mueve de la parte norte de Galilea hacia Jerusalén y nos irá enseñando dos temas principales: la identidad de Jesús, o lo que conocemos como Cristología, y lo que significa seguirlo, ser sus discípulos.

Y es aquí donde me pregunto: ¿Por qué es tan frecuente que nos olvidemos de Dios si andamos de descanso o de vacaciones? Fácilmente escuchamos: no me di tiempo ni siquiera de rezar o de leer un poco la Biblia o algún libro de crecimiento espiritual, mucho menos de ir a Misa… y es que andamos de vacaciones y esto nos justifica.

¿Excusa… barra… comodidad…? Puedes llamarle como quieras, y es que ahora resulta que tranquilamente nos damos vacaciones también de nuestra fe, que no somos católicos más que en nuestra ciudad, en nuestra comunidad. Peor tantito, ni siquiera nos preocupamos por preguntar, donde quiera que andemos, si hay alguna Iglesia cerca y qué horarios tiene. "El interés tiene pies". Y te aseguro, que donde sea, habrá una comunidad viva que se reúna a celebrar su fe en la Eucaristía dominical. Incluso me ha tocado, en lugares turísticos muy concurridos, que la misma gente local se ofrece a llevarte de regreso a tu hotel, después de concluida la Misa, pues es un gusto y un apostolado que ellos realizan, además de que les sirve para conocer gente de otras partes.

Pues sí, aunque suene difícil o exagerado: No hay vacaciones para Dios, somos siempre sus hijos y debemos celebrarlo y agradecerle sus beneficios, en donde quiera que nos encontremos y qué mejor que darle gracias en la Eucaristía por la oportunidad que tenemos de andar de viaje o de vacaciones o visitando familiares. Les aseguro que saldremos reconfortados y fortalecidos espiritualmente.

Otra excusa que me ha tocado escuchar: "No entiendo el idioma, así es que ni para qué hagamos el esfuerzo de ir a Misa". Te sugiero que te lleves un misal mensual, pues las lecturas de la Palabra de Dios son las mismas, distribuidas en los domingos del año litúrgico y lo único que cambia es el lenguaje local… así tú podrás seguirlas en español, y el "Amén" para comulgar es universal, así es que aliméntate de la palabra y de la comunión y dale gracias a Jesús por tu tiempo de descanso.

Te deseo que tengas unas muy felices vacaciones. Que Dios te lleve y te traiga con bien, pero empácalo en tu corazón, llévatelo contigo, con tu familia, con tus amigos de vacaciones. Y recuerda que es precisamente a ti, a quien manda por delante, en su nombre, a los lugares que también Él quiere visitar a través de tu presencia, de tu testimonio cristiano y de tu alegría compartida.


Que Dios te bendiga y la Virgen te guíe. 


Padre José Antonio